Paulina López Noriega

Nacimiento de Rodrigo
30 de mayo del 2011

 

Todo comenzó con la sorpresa de que estábamos esperando a nuestro segundo hijo, regalo de nuestras vacaciones en Playa del Carmen… desde que lo supe me quedaba clara una cosa: quería un parto natural pero al 100%. Con mi primera hija Sofía tuve un parto natural, pero inducido y con bloqueo, episiotomía, rasurada…si antes me salvé de una cesárea. Cabe añadir que el médico que me trataba en ese entonces me hizo un tacto dolorosísimo en el que me dilató “a mano” de 3 a 5 cms. Además, la oxitocina que me pusieron para desencadenar las contracciones las hizo tan dolorosas que  al final ya no aguanté y terminé rogando por una epidural.

Esta vez eso no iba a pasar… Leí muchos libros y artículos sobre partos naturales y me apasionaba la idea de que fuera en agua. Yo trabajo, así que fue casi hasta mi semana 32 o algo así que empecé a buscar una doula y cursos… Conocí a dos distintas pero había algo que no hacía “click”, y entonces encontré a Mariana y a la Güera. Llegué un jueves a Lomas e hice los ejercicios y la relajación, y después llegó mi esposo a la plática. Ahí dije “de aquí soy” y me quedé ya por fin tranquila de saberme bien acompañada en el parto. Además, tomé varias sesiones express de pujo, respiraciones, trabajo de parto 1 y 2. Seguí yendo a los ejercicios y siempre salía super feliz y relajada. Creo que el estar tan cerca de otras mujeres embarazadas que buscan lo mismo que tú en un parto te pone en una sincronía muy especial.

 

Tenía fecha probable para el 9 de mayo. Mi esposo tenía que viajar el 11 así que queríamos que él pudiera estar. Un poco contra mi fija idea de que Rodrigo naciera cuando se le diera la gana, terminé adelantando un poco el proceso del parto, ya tenía algunas contracciones y ya estaba en mi semana 39.4. Acudí a un médico acupunturista que con 10 ó 12 agujas hizo que por primera vez, como una hora después de haberlas puesto,  sintiera una contracción real, como la ola que crece, sube y se azota en la arena, viene, crece y se va. ¡Por fin sentía una contracción como se debe!

Ese día nos fuimos a comer y ya las sentía, pero de no seguidas, ni dolían. Llegamos a casa y se me pararon. Alrededor de las 8 empecé a sentirlas otra vez, hablé con el acupunturista y me dijo que si paraban un poco, vendrían de nuevo en la mañana más fuertes. A partir de esa hora ya venían ahora sí continuas, pero con cero dolor, sólo la pura contracción. Hablé con Mariana y me dijo que le llamara a las 10 para ver cómo iba. Las monitoreé como hasta las 10 pm con una aplicación que bajé para mi Blackberry (muy recomendable por cierto) y ya estaban más seguidas y regulares. Nos daba pánico quedarnos en casa y que nos tocara la hora pico, así que hablé con Mariana y con el ginecólogo y les dije que nos íbamos al hospital, que prefería estar allí que en casa con la angustia de no llegar a tiempo. Las contracciones seguían sin doler.

Llegamos al Hospital Santa Teresa a las 11:30 pm, y encontramos allí a Mariana y la Güera. Nos registramos y nos pasaron al cuarto y de ahí subimos a monitorear al bebé y las contracciones… y a que me hicieran un maldito tacto! Total, tenía yo apenas 2 cms. y mis contracciones eran de 30. Nos mandaron a dormir. De las 2 a las 4:30 dormimos y llegaron de nuevo a hacerme otro #$%&%  tacto, y el doctor de guardia dijo: “tiene 3 tirando a 4” y yo pensé: “me estoy tardando mucho”. Estuve un buen rato sentada en el excusado para que el bebé bajara, platicando con Mariana. Como a las 5 am o algo así, subimos Mariana y yo a otro monitoreo, las contracciones ahora sí estaban más fuertes.  Bajamos y yo ya no podía hablar durante la contracción. Le dije a mi esposo: “Ahora si me están doliendo como la ch…” Mariana me dijo que me metiera a la regadera, misma que tenía dos chisguetes ridículos, así que me moría de frío. Ahí si empecé a sentir las más dolorosas… pero lo peor es que pensé que no iba a poder porque si apenas tenía 4 cms y, si ya dolían así, que iba a sentir entre los 7 y los 10??!! Me acuerdo que lloré un poco cuando pensaba esto. Mariana estaba afuera y yo la oía hablar con la Güera que se había ido a echar una pestañita. Yo le dije: “ya están juntándose una con la otra”… “Oye, Güera, yo creo que no tarda en tener deseo de pujo”, y yo con un hilito de voz: “ya tengo deseo de pujo”… ahí fue cuando realmente empezó realmente… eran cerca de las 6, o pasaditas, y nos fuimos de nuevo a la sala donde me monitoreaban. Otro MALDITOOOO tacto y el Dr. dice: “tiene 7”. Gracias al cielo, a los 5 minutos llegó mi ginecólogo, el Dr. Serratos,  que me hizo otro tacto pero esta vez respetuoso y sutil, y cuál no sería mi sorpresa cuando dijo: “tienes 9 centímetros!” Me dieron ganas de AHORCAR al otro Dr., que además no nos había dejado irnos a la tina porque tenía que tener más dilatación. Serratos me dijo: “te voy a romper las membranas por que por eso no puedes pujar y te duele más, vas a sentir alivio”… yo no conocía el significado de la palabra alivio hasta que me rompió la fuente… fue lo más delicioso del universo, sentí cómo se liberaba toda la presión.

Entonces ya estaba casi lista la tina y me preguntaron: “¿te vas caminando o en la silla?” y yo pensaba que la sala estaba ahí mismo saliendito, y dije: “caminando está bien”… y empezamos a caminar y damos la vuelta en un pasillo (que bauticé como el pasillo de “The Shining”) y entonces me viene una contracción… y ya no tenía membranas que detuvieran el pujo… Iba con Serratos de un lado y la Güera del otro, tomada de sus hombros… eché un grito peor que de película de terror, porque dolía y no podía pujar, sabía que si pujaba el bebé nacería allí mismo. Serratos de hecho hasta me puso la mano por si se salía (jajaja). Entonces entré un poco en estado de shock y no me podía ni mover, hasta que me sentaron en la silla y así corriendo el “sillero” me llevó a la sala donde está la tina. Entre todos me metieron y yo estaba tan asustada que no quería pujar. Me negué durante las primeras dos contracciones y después me dije: “el bebé ya está aquí, tienes que pujar para que llegue, no va a salir por ningún otro lugar”. La sensación no es de dolor: arde, es muy chistoso decirlo así, pero arde. Me acuerdo que muchas veces soñé el momento de tocar la cabeza del bebé cuando estuviera saliendo, pero como estaba asustada dije que no. Entonces pujé con todas  mis fuerzas y Rodrigo estuvo en mis manos a los 10 segundos. Es increíble como en un instante se te olvida TODO, el dolor, la ansiedad, el miedo. No tienes ojos más que para ese ser tan pequeñito que está en tus manos mirándote con carita de sorpresa. Todo lo demás desaparece.

Tal vez mi parto no fue la viva imagen de lo que yo soñaba, a media luz, con mi lista de reproducción específica, con esencia de lavanda, sin gritar, tranquilo, pausado, lento, tocándole la cabeza al salir.  ¡No nos dio tiempo de nada! Pero lo que sí no cambiaría es el apoyo, coaching y cariño que recibí de parte de la Güera y de Mariana, sin ellas guiándome posiblemente esta historia hubiera sido diferente.

Rodrigo, Roberto Sofía y yo les estaremos agradecidos siempre.



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